ESTEFANÍA LAYA.- “Yo no busco en las personas ni la bondad ni la buena educación siquiera…, aunque creo que esto último es imprescindible para vivir con ellas. Me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos que los demás, que consideran las cosas de otro modo que la mayoría”. Carmen Laforet fue la primera ‘chica rara’, la primera que escribió todo y Nada.
Durante estos meses le di una oportunidad a María Dueñas, a Pepa Bueno, una segunda a Posteguillo y hasta a Thorton Wilder, pero nada. Guerra sin personas.
Busqué en la nueva espiritualidad, en los “más vendidos” y en las sagas de lomo gordo de sofá y mantita. No digo nombres. Nada.
Pero a finales de enero visité a un viejo profesor de 88 años que alargó el brazo a su biblioteca y me descubrió El mundo en que vivimos, de Louis Bromfield, Pulitzer en 1926, o sea, hace un siglo.
Bromfield participa en la 1ª Guerra Mundial con una mirada distinta sobre cada persona de Occidente. La gente que no se odia puede acabar en guerra porque al final los vínculos y los temores son personales: amores, odios y amistades. Y el mundo alrededor es arrastrado por nuestros miedos, experiencias y reacciones del corazón hasta el siguiente conflicto.
«La experiencia es una fuente de riqueza infinita que hay que saber controlar, si no, puede convertirse en un río devastador». Muy actual, como todo lo humano, ahora que estamos en un período de entreguerras, no sé cuáles.
Foto: Bromfield en su granja de Malabar Farm