JUAN JOSÉ DIÉGUEZ.- Me levanto y la ducha es mi primer amigo. El café, indispensable para lo que viene. Trabajo …hoy Antonio no está sonriente, …ayer seguro que el Atlético de Madrid hizo algo mal… Es nuestra vida. Seguro que cualquiera puede seguir desde aquí. Una serie de rutinas que no hemos elegido son lo que nos llevan al siguiente día. 

En Matrix se dice que el problema es siempre la elección. Seamos serios una vez y preguntémonos qué podemos elegir. Cada uno de nuestros días es parecido al anterior (a eso llamamos experiencia y por eso aceptamos que nuestros mayores tienen razón) y no muy diferente del que vendrá. En la pregunta acerca del sentido de la vida siempre perdemos. Más allá de Kant y su Imperativo categórico (el «deber»), ¿dónde están las sorpresas? Si yo soy yo y mis circunstancias y tú eres lo mismo, son las circunstancias las que nos hacen “ser”, y en ese caso, todos somos iguales. 

Nos han enseñado qué significa “individualidad”, “diferencia”, pero no nos han enseñado que es sólo una excusa para olvidar que cada día se nos olvida por qué nuestro “vivir diario” no se diferencia del de los demás. No somos lo que debemos ser, somos lo que debemos hacer (una elección personal y común) y luego, en nuestro tiempo libre, nos buscamos intentando saber qué somos de verdad. Una vida que se mueve entre lo que tenemos que ser y lo que nos gustaría ser. Una vida que se mueve entre lo que hacemos y lo que “no” podemos hacer (evidentemente por decisión personal). Pero ¿decidimos? 

Si nuestra vida es una constante búsqueda de sentido, la pregunta más urgente es, sin ninguna duda: ¿qué? La pelea diaria entre lo que soy y lo que quisiera ser es lo que nos diferencia. Debo obedecer, y Rosa Parks dijo no, cambiando el mundo. La vida es única, irrepetible e intransferible. No podemos vivir, no debemos vivir queriendo agradar a los demás. Tenemos una oportunidad de ser únicos. Seamos únicos y dejemos una sencilla pregunta tras nosotros: ¿y si…?